miércoles, 27 de julio de 2016

"Dibújame un cordero..."

"Por favor, dibújame un cordero..." 

Así se dirigió el Principito a un perplejo y fastidiado aviador en medio del desierto. Y la demanda se repetió hasta el agotamiento del aviador, quien -cuando creyó que ya no tenía ninguna otra verisón del cordero para ofrecerle al exigente personaje- inventó una caja con tres agujeros por los que mirar.

  “-Ahí tienes. El cordero que quieres está adentro”

    Y ahí el milagro se produjo.  Contra todos los pronósticos esa fue la respuesta que satisfizo al Principito. Los agujeros de la caja fueron una invitación a mirar que inmediatamente aceptó y entonces fue él mismo quien encontró el cordero que buscaba. . Cuando no hubo un único cordero todos los corderos se hicieron posibles.

“Me sorprendí mucho al ver que se iluminaba el rostro de mi joven juez:
- ¡Es exactamente así que lo quería! Crees que este cordero necesite mucha hierba?
- ¿Por qué?
- Porque en casa es todo pequeño...
- Seguramente le alcanzará. Te di un cordero bien pequeño.
Inclinó la cabeza hacia el dibujo:
- No tan pequeño... Mira! Se durmió...
Y fue así como conocí al principito.” 


     Quizá esa sea una manera posible…quizá ser educadores tenga que ver con dejar de ser aviadores perdidos en el desierto y transformarnos en dibujantes arriesgados, capaces de inventar y garabatear otra cosa que no sean tristes versiones de lo mismo, dispuestos a la aventura del encuentro con lo nuevo y a transformar nuestros desiertos en manantiales de posibilidad.


-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------El texto entrecomillado pertenece al Cap II de "El.Principito" , de A. de Saint Exupery