"Por favor, dibújame
un cordero..."
Así se dirigió el Principito a un perplejo y fastidiado aviador en medio del desierto. Y
la demanda se repetió hasta el agotamiento del aviador, quien -cuando creyó que
ya no tenía ninguna otra verisón del cordero para ofrecerle al exigente
personaje- inventó una caja con tres agujeros por los que mirar.
“-Ahí
tienes. El cordero que quieres está adentro”
Y ahí el milagro se produjo. Contra todos los pronósticos esa fue la
respuesta que satisfizo al Principito. Los agujeros de la caja fueron una
invitación a mirar que inmediatamente aceptó y entonces fue él mismo quien
encontró el cordero que buscaba. . Cuando no hubo un único cordero todos los corderos se hicieron
posibles.
“Me sorprendí
mucho al ver que se iluminaba el rostro de mi joven juez:
- ¡Es
exactamente así que lo quería! Crees que este cordero necesite mucha hierba?
- ¿Por qué?
- Porque en
casa es todo pequeño...
-
Seguramente le alcanzará. Te di un cordero bien pequeño.
Inclinó la
cabeza hacia el dibujo:
- No tan
pequeño... Mira! Se durmió...
Y fue así
como conocí al principito.”
Quizá esa sea una manera posible…quizá ser educadores tenga que ver con dejar
de ser aviadores perdidos en el desierto y transformarnos en dibujantes arriesgados, capaces de inventar y garabatear otra
cosa que no sean tristes versiones de lo mismo, dispuestos a la aventura del
encuentro con lo nuevo y a transformar nuestros desiertos en manantiales de
posibilidad.
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------El texto entrecomillado pertenece al Cap II de "El.Principito" , de A. de Saint Exupery