domingo, 14 de octubre de 2018

Hace un año...y seguimos soñando y resistiendo!!!

SOÑAR Y RESISTIR
Desde hace unas semanas las plazas y calles del conurbano se inundan de chicos y adolescentes que tienen que dejar la seguridad y tranquilidad de sus aulas  porque alguien decidió que provocar esa situación es una buena manera de lograr algo.
No sabemos con certeza quién es ese "alguien" ni qué su correspondiente "algo", pero lo cierto es que nuestros chicos y chicas se han vuelto expertos en guardar rápido los útiles en sus mochilas para salir caminando "ligerito pero sin correr" por la puerta de la escuela hacia el parque, o la plaza o la calle, por la misma puerta que, un rato antes nomás, los habíamos visto entrar para encontrarse con sus amigos y aprender cosas nuevas.
Los primeros días algunos lloraban y otros estaban fascinados por lo que, entendían, era una novedosa aventura. Después, empezaron a fastidiarse y ahora ya vienen preparados para la contingencia con algún mazo de cartas o un libro para leer o un juego para hacer mientras dure la espera.
"Estamos mal pero acostumbraos" decía el querido Inodoro Pereyra. Y hacia allá parece querer llevarnos esta situación a docentes y alumnos, obligándonos a navegar cada mañana por un mar de incertidumbre.
Pero, le pese a quien le pese, la escuela sigue siendo un lugar para resistir y soñar. Una resistencia hecha de canciones, de acertijos, de mate compartido, de clases al sol, de lecturas ocasionales, de papás que acercan un café y de bolsas de tutuca que circulan entre los amigos. Una resistencia que se renueva cada día y cobra fuerza cada vez que alguien pregunta "seño, ya vino la brigada?" "Vamos a tener educación física? " Cuándo vamos a poder terminar de ver el vídeo?"
Mientras las actividades que estaban pensadas para estos días se van agolpando en las páginas de la agenda que siguen al 22 de octubre, en la escuela seguimos soñando y resistiendo. Lo hacemos
esperando que quienes tienen la responsabilidad de garantizarnos condiciones de seguridad digan algo.Esperando que, con la misma rapidez y fuerza con que enjuician a los docentes por tantas cosas, los medios de comunicación se hagan eco de los innumerables gestos de sostén que los maestros tienen en estos días para con los chicos. Esperando que a nadie más se le ocurra decir que los chicos de hoy son desatentos e hiperactivos por vaya a saber qué misterio de la neurobiología del nuevo milenio, como si todo esto que  atraviesa sus infancias pudiera ser sin consecuencias.

Queremos educar en paz. Queremos educar para la paz. Y que este grito de los docentes y los alumnos encuentre eco en todos los espacios  y en todas las personas.
                                           M.S.A.

martes, 7 de agosto de 2018

La parte que comparto del pañuelo verde

Para mí la Vida es Sagrada. Todo el tiempo nos muestra qué lejos está nuestra humanidad de poder manejarla a su antojo. Estamos lejos de entender sus misterios, que tantas veces nos dejan -como diría Serrat- "chupando un palo sentados sobre una calabaza".
Ni todo el oro del mundo ni toda la ciencia acumulada han podido hasta hoy hacer surgir la vida donde no la hay. La vida nos excede. En ella se manifiesta una fuerza que va mucho más allá de nuestra capacidad de entendimiento, una fuerza que ordena el caos con una lógica que a veces no entendemos. Una fuerza que algunos nombramos diciendo "Dios". Para mí, "Dios" es la Vida abundante que se derrama a, ante, con, de desde, en, entre, para, por y sobre todos los seres creados. "Dios" es la Presencia de la Vida entre nosotros.
Por eso, porque es expresion de Dios, cada pequeña manifestación de Vida es para mi sagrada y debe ser tratada con el respeto y la unción propios de lo sagrado.
Pero pienso también que, justamente por eso, cuando las personas tenemos que tomar decisiones  que
involucran directamente la vida y la muerte nos encontramos en un terreno que es para nosotros de una enorme complejidad. Y creo
que nadie puede juzgar la decision que otro toma en la intimidad de su conciencia, después de haber mantenido vaya uno a saber qué batallas contra quien sabe qué demonios provenientes de la historia personal, la cultura, la religión y tantos otros lugares.
Me ha tocado conocer de cerca alguna de esas situaciones dolorosas, verdaderas tragedias humanas que han partido la vida de las personas en un antes y un después de una decisión. 
Y deseo que sin importar de donde viene, cuánto dinero tiene, ni por qué está en esa situación, cada persona  que pase por ese terrible lugar, tenga a su lado  personas queridas que la ayuden a pensar sus opciones y la acompañen  y un estado que le garantice respeto por la intimidad de su conciencia y, por lo tanto, le ofrezca condiciones de seguridad sanitaria para llevar adelante su decisión, sin agregarle a su drama el drama de la clandestinidad.
Por eso, solo por eso, y a pesar de que quizá no lo hubiera pensado así en un principio, espero que la despenalización del aborto sea ley. A pesar de todos los peros que hay en mi cabeza, en mí corazón y en mis entrañas.

domingo, 14 de enero de 2018

"...en el diario no hablaban de ti..."



    La mañana del viernes empezó temprano. A las seis y media algo me despertó y cuando miré el teléfono para ver qué hora era, vi que había mensajes sin leer. Ahí estaba la noticia: mientras yo dormía, habías llegado al mundo. La noticia venía acompañada de tu primera foto: vos apoyada en el pecho de tu mamá, que te daba el primer abrazo fuera de la panza. Acunada por esa imagen, volví a dormirme un rato más.
   Finalmente, en algún momento de las horas siguientes, llegué a la cocina a desayunar y vi en la ventana el diario. Siguiendo un ritual inconsciente, le saqué la gomita que le pone el diariero para que quede enrollado, lo apoyé sobre la mesa al lado del café con leche y encendí el canal de las noticias.
     Mientras daba vueltas las hojas del diario, escuchaba "de reojo" lo que iban diciendo los periodistas. Que el dólar, que el alerta naranja por el calor, que los jueces, que los políticos, que los turistas, que el Papa en Chile... Y en medio de esa catarata de noticias escuchadas de sobrevuelo, me sorprendí a mi misma pensando que la noticia más importante del día no estaba en ningún portal. Nada sabia el mundo de tu cachete redondito y rosado aplastado contra el pecho de tu mamá en esa foto inaugural. Nada sabia del amor con que tus papás prepararon el nido para tu llegada, ni de los temores que enfrentaron juntos en estas últimas noches de espera, ni del techito que construyó tu papá para que tu mamá pudiera tomarse unos mates a la sombra. Nada de eso sabían los periodistas, ni de las cuadras caminadas por ellos en estos meses, hasta el colectivo, a la madrugada, para no perder el turno en el hospital, ni del entusiasmo con que tu mamá me contaba lo que había aprendido en el curso de preparto. Nada decía tampoco el diario de la angustia que tenía tu papá hace unas semanas pensando qué iba a hacer si el parto se presentaba, porque los remises no quieren entrar al barrio de noche y entre los vecinos casi nadie tiene auto. Nada de nada. Entre los cientos de imágenes que pasaban por la pantalla y las decenas de fotos que estaban en el diario, no había ninguna que mostrara tus cachetes, ni la sonrisa orgullosa de tu mamá, ni el techito que construyó tu papá. 
   Y entonces pensé que quizá las cosas están como están porque nos preocupamos y hablamos y sabemos más de las fluctuaciones del dólar que de tu pelito negro y suave como la seda. Y me sentí privilegiada de poder estar en primera fila para disfrutar el espectáculo de la Vida que, a pesar de todo, se derrama abundante entre nosotros.