domingo, 14 de enero de 2018

"...en el diario no hablaban de ti..."



    La mañana del viernes empezó temprano. A las seis y media algo me despertó y cuando miré el teléfono para ver qué hora era, vi que había mensajes sin leer. Ahí estaba la noticia: mientras yo dormía, habías llegado al mundo. La noticia venía acompañada de tu primera foto: vos apoyada en el pecho de tu mamá, que te daba el primer abrazo fuera de la panza. Acunada por esa imagen, volví a dormirme un rato más.
   Finalmente, en algún momento de las horas siguientes, llegué a la cocina a desayunar y vi en la ventana el diario. Siguiendo un ritual inconsciente, le saqué la gomita que le pone el diariero para que quede enrollado, lo apoyé sobre la mesa al lado del café con leche y encendí el canal de las noticias.
     Mientras daba vueltas las hojas del diario, escuchaba "de reojo" lo que iban diciendo los periodistas. Que el dólar, que el alerta naranja por el calor, que los jueces, que los políticos, que los turistas, que el Papa en Chile... Y en medio de esa catarata de noticias escuchadas de sobrevuelo, me sorprendí a mi misma pensando que la noticia más importante del día no estaba en ningún portal. Nada sabia el mundo de tu cachete redondito y rosado aplastado contra el pecho de tu mamá en esa foto inaugural. Nada sabia del amor con que tus papás prepararon el nido para tu llegada, ni de los temores que enfrentaron juntos en estas últimas noches de espera, ni del techito que construyó tu papá para que tu mamá pudiera tomarse unos mates a la sombra. Nada de eso sabían los periodistas, ni de las cuadras caminadas por ellos en estos meses, hasta el colectivo, a la madrugada, para no perder el turno en el hospital, ni del entusiasmo con que tu mamá me contaba lo que había aprendido en el curso de preparto. Nada decía tampoco el diario de la angustia que tenía tu papá hace unas semanas pensando qué iba a hacer si el parto se presentaba, porque los remises no quieren entrar al barrio de noche y entre los vecinos casi nadie tiene auto. Nada de nada. Entre los cientos de imágenes que pasaban por la pantalla y las decenas de fotos que estaban en el diario, no había ninguna que mostrara tus cachetes, ni la sonrisa orgullosa de tu mamá, ni el techito que construyó tu papá. 
   Y entonces pensé que quizá las cosas están como están porque nos preocupamos y hablamos y sabemos más de las fluctuaciones del dólar que de tu pelito negro y suave como la seda. Y me sentí privilegiada de poder estar en primera fila para disfrutar el espectáculo de la Vida que, a pesar de todo, se derrama abundante entre nosotros.