SOÑAR Y RESISTIR
Desde hace unas semanas las plazas y calles del conurbano se inundan de chicos y adolescentes que tienen que dejar la seguridad y tranquilidad de sus aulas porque alguien decidió que provocar esa situación es una buena manera de lograr algo.
No sabemos con certeza quién es ese "alguien" ni qué su correspondiente "algo", pero lo cierto es que nuestros chicos y chicas se han vuelto expertos en guardar rápido los útiles en sus mochilas para salir caminando "ligerito pero sin correr" por la puerta de la escuela hacia el parque, o la plaza o la calle, por la misma puerta que, un rato antes nomás, los habíamos visto entrar para encontrarse con sus amigos y aprender cosas nuevas.
Los primeros días algunos lloraban y otros estaban fascinados por lo que, entendían, era una novedosa aventura. Después, empezaron a fastidiarse y ahora ya vienen preparados para la contingencia con algún mazo de cartas o un libro para leer o un juego para hacer mientras dure la espera.
"Estamos mal pero acostumbraos" decía el querido Inodoro Pereyra. Y hacia allá parece querer llevarnos esta situación a docentes y alumnos, obligándonos a navegar cada mañana por un mar de incertidumbre.
Pero, le pese a quien le pese, la escuela sigue siendo un lugar para resistir y soñar. Una resistencia hecha de canciones, de acertijos, de mate compartido, de clases al sol, de lecturas ocasionales, de papás que acercan un café y de bolsas de tutuca que circulan entre los amigos. Una resistencia que se renueva cada día y cobra fuerza cada vez que alguien pregunta "seño, ya vino la brigada?" "Vamos a tener educación física? " Cuándo vamos a poder terminar de ver el vídeo?"
Mientras las actividades que estaban pensadas para estos días se van agolpando en las páginas de la agenda que siguen al 22 de octubre, en la escuela seguimos soñando y resistiendo. Lo hacemos
esperando que quienes tienen la responsabilidad de garantizarnos condiciones de seguridad digan algo.Esperando que, con la misma rapidez y fuerza con que enjuician a los docentes por tantas cosas, los medios de comunicación se hagan eco de los innumerables gestos de sostén que los maestros tienen en estos días para con los chicos. Esperando que a nadie más se le ocurra decir que los chicos de hoy son desatentos e hiperactivos por vaya a saber qué misterio de la neurobiología del nuevo milenio, como si todo esto que atraviesa sus infancias pudiera ser sin consecuencias.
Queremos educar en paz. Queremos educar para la paz. Y que este grito de los docentes y los alumnos encuentre eco en todos los espacios y en todas las personas.
M.S.A.
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