martes, 7 de agosto de 2018

La parte que comparto del pañuelo verde

Para mí la Vida es Sagrada. Todo el tiempo nos muestra qué lejos está nuestra humanidad de poder manejarla a su antojo. Estamos lejos de entender sus misterios, que tantas veces nos dejan -como diría Serrat- "chupando un palo sentados sobre una calabaza".
Ni todo el oro del mundo ni toda la ciencia acumulada han podido hasta hoy hacer surgir la vida donde no la hay. La vida nos excede. En ella se manifiesta una fuerza que va mucho más allá de nuestra capacidad de entendimiento, una fuerza que ordena el caos con una lógica que a veces no entendemos. Una fuerza que algunos nombramos diciendo "Dios". Para mí, "Dios" es la Vida abundante que se derrama a, ante, con, de desde, en, entre, para, por y sobre todos los seres creados. "Dios" es la Presencia de la Vida entre nosotros.
Por eso, porque es expresion de Dios, cada pequeña manifestación de Vida es para mi sagrada y debe ser tratada con el respeto y la unción propios de lo sagrado.
Pero pienso también que, justamente por eso, cuando las personas tenemos que tomar decisiones  que
involucran directamente la vida y la muerte nos encontramos en un terreno que es para nosotros de una enorme complejidad. Y creo
que nadie puede juzgar la decision que otro toma en la intimidad de su conciencia, después de haber mantenido vaya uno a saber qué batallas contra quien sabe qué demonios provenientes de la historia personal, la cultura, la religión y tantos otros lugares.
Me ha tocado conocer de cerca alguna de esas situaciones dolorosas, verdaderas tragedias humanas que han partido la vida de las personas en un antes y un después de una decisión. 
Y deseo que sin importar de donde viene, cuánto dinero tiene, ni por qué está en esa situación, cada persona  que pase por ese terrible lugar, tenga a su lado  personas queridas que la ayuden a pensar sus opciones y la acompañen  y un estado que le garantice respeto por la intimidad de su conciencia y, por lo tanto, le ofrezca condiciones de seguridad sanitaria para llevar adelante su decisión, sin agregarle a su drama el drama de la clandestinidad.
Por eso, solo por eso, y a pesar de que quizá no lo hubiera pensado así en un principio, espero que la despenalización del aborto sea ley. A pesar de todos los peros que hay en mi cabeza, en mí corazón y en mis entrañas.

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